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Agua, salud y bienestar

Mantener una provisión de agua limpia y segura reduce los riesgos sanitarios al mismo tiempo que mejora el bienestar y la productividad de las personas.

El agua es esencial para la vida y la salud de las personas. Nuestro organismo está compuesto por agua en sus dos terceras partes y es el medio de transporte de nutrientes y desechos en el medio interno; también ayuda a regular la temperatura, lubrica las articulaciones y los ojos, mantiene nuestra piel elástica, facilita la digestión, optimiza la energía producida a través de las células, etc. No es sorprendente, por lo tanto, que una hidratación inadecuada pueda afectar cómo nos sentimos y cómo nos desempeñamos.

Dada la cantidad de tiempo que pasamos en el trabajo, resulta fundamental prestar atención a las necesidades de hidratación. Para muchas personas, el tipo de trabajo que realizan o, incluso, la ropa de trabajo que deben llevar, hace que se les dificulte el acceso al agua que necesitan reponer durante el día. No hidratarse adecuadamente puede crear un desequilibrio de sales en el organismo capaz de conducir rápidamente a otros problemas de salud. Mantenernos hidratados no solo ayuda a estar más saludables sino que también mejora nuestra productividad laboral y nuestro desempeño mental y físico.

Pero, además de proporcionar hidratación a las personas, el agua en la infraestructura del edificio es un elemento al que es preciso prestar atención para preservar las condiciones de seguridad y salud en el espacio de trabajo. El agua presente en los sistemas de calefacción y refrigeración, la instalación sanitaria y de riego, entre otras, pueden convertirse en vehículo de contaminación por microorganismos tales como la Legionella. Además, si el agua proveniente de cualquier fuente moja los materiales de construcción, se crean las condiciones ideales para el crecimiento de moho.

Y en estas épocas de pandemia que estamos transitando, el agua también representa un recurso esencial para mantener la higiene de las manos y ayudar a mitigar la propagación del COVID-19.

Por qué es importante hidratarse

Según la Dra. Emma Derbyshire, asesora del Natural Source Waters Association, una organización británica sin fines de lucro que investiga la ciencia detrás de la hidratación, estar bien hidratado mejora la cognición y el rendimiento mental al mismo tiempo que ayuda a combatir el cansancio y la fatiga, todo lo cual redunda en una mayor productividad1.

Los valores de la ingesta diaria de agua necesaria para mantener el equilibrio de líquidos del cuerpo es de 2 a 2,5 litros y varía de acuerdo con el sexo, la edad, la dieta, el nivel de actividad, la temperatura y la ropa, entre otros factores2. Los líquidos que ingerimos durante el día pueden incluir infusiones tales como el té, el café y otras bebidas, pero el agua es la mejor forma de hidratación ya que no contiene calorías ni aporta energía.

Ciertos entornos pueden influir en las necesidades de agua. Por ejemplo, el uso de aire acondicionado en el lugar de trabajo puede acelerar la evaporación en la piel y los pulmones, lo que aumenta las pérdidas de agua. En este sentido es importante saber que una reducción en los niveles de hidratación de tan solo el 2% del peso corporal puede influir negativamente en el estado de ánimo, conducir a una mayor sensación de fatiga y disminuir los niveles de alerta3. También se ha demostrado que la deshidratación dificulta la toma de decisiones y el rendimiento cognitivo, lo que disminuye la productividad y podría estar asociado con un mayor riesgo de accidentes laborales4.

Pero el principal problema de la deshidratación es que sus efectos no siempre son tan evidentes como otros trastornos comunes en el lugar de trabajo tales como el dolor de espalda o la vista cansada. No obstante, existen varios signos de alerta que, aunque inespecíficos, nos dan pistas que pueden ayudarnos a identificar este riesgo e incluyen: boca y ojos secos, cansancio, menos necesidad de orinar, dolor de cabeza y falta de concentración5.

He aquí algunas formas efectivas para asegurarse de que los colaboradores tengan la ingesta de agua que necesitan a lo largo del día:

→ Proporcionar un suministro adecuado de agua limpia y segura. Esta debe provenir de una fuente confiable tal como un dispensador de agua o de una provisión de agua embotellada, asegurándose de que haya suficiente para todos los empleados y de que esté distribuida uniformemente en todo el espacio de trabajo. Sin embargo, habrá que considerar que el agua embotellada representa una política poco sostenible y que compartir botellas o vasos puede representar un problema para la salud ya que pueden ser un vehículo de contagio de enfermedades infecciosas, especialmente en el contexto actual de pandemia.

Si el agua corriente es potable y segura pueden utilizarse los grifos de la cocina aunque no así los del baño ya que podrían estar contaminados.

→ Educar a los colaboradores. Proporcionar material educativo sobre la importancia de mantenerse hidratadas mantendrá a las personas más conscientes y motivadas para beber suficiente agua durante el día. Esto también puede incluir la oferta de alimentos tales como frutas y verduras que colaboran con la hidratación (pueden aportar entre el 20% y el 30% de nuestras necesidades diarias), y disminuir el consumo de infusiones reemplazándolas por agua.

Las empresas deben hacer de la educación sobre la hidratación una parte constante de la comunicación con los empleados.

Agua, salud y bienestar

Aunque el lavado de manos se ha considerado una medida de higiene personal durante siglos, el vínculo entre éste y la propagación de enfermedades infecciosas se ha verificado hace solo 200 años. En presencia de la actual pandemia de COVID-19, el lavado de manos se ha vuelto una medida imprescindible para evitar los contagios, por lo que resulta esencial proveer de instalaciones sanitarias adecuadas para que los trabajadores puedan hacerlo en la oficina.

Esto no solo incluye la provisión de agua segura sino también la desinfección de los grifos (es preferible que estén automatizados para evitar el contacto), un método eficaz de secado de manos (toallas de papel descartables, secadores de aire caliente) y el mantenimiento de un ambiente limpio6.

Pero hay algunos riesgos para la salud asociados con el agua. Existen investigaciones que revelan que la exposición a la humedad y el moho que se forman en los edificios debido a las infiltraciones por mal mantenimiento, aumenta las posibilidades de sufrir o ver agravadas ciertas condiciones de salud, especialmente aquellas relacionadas con las vías respiratorias inferiores, pero también se ha registrado la aparición de síntomas en las membranas mucosas, dolor de cabeza y fatiga7.

Otra contingencia sanitaria inherente es la legionelosis. Si bien, de acuerdo con su magnitud, las infecciones por Legionella no parecen representar un problema importante en comparación con otros riesgos para la salud, la atención sobre esta enfermedad infecciosa se ha intensificado con la pandemia de COVID-19. Los cierres de edificios durante las cuarentenas han dejado agua caliente estancada en las tuberías de los edificios de oficinas, un entorno perfecto para que la bacteria se multiplique.8.

Y la preocupación no es trivial ya que se trata de una infección grave que produce neumonía, cuya dispersión en el ambiente se produce a través de los aerosoles que se forman a partir de los sistemas del edificio que contienen agua. Al aspirarlos, las personas pueden contagiarse y enfermar.

Los lugares de reproducción de la Legionella se encuentran especialmente en las instalaciones de agua caliente, las torres de refrigeración, los equipos de enfriamiento, los humidificadores, las piletas climatizadas, las fuentes ornamentales, los sistemas de riego por aspersión, etc. Para eliminar el microorganismo, las medidas preventivas se basan en la limpieza y el mantenimiento adecuado de las instalaciones, y en evitar la supervivencia y multiplicación del germen controlando la temperatura del agua y realizando una continua desinfección.

En resumen: el agua es un elemento fundamental para la salud de las personas, pero también puede convertirse en vehículo de enfermedades potencialmente peligrosas. Mantener una provisión de agua limpia y segura junto con el control de la humedad y el buen funcionamiento de las instalaciones reduce los riesgos sanitarios de los colaboradores al mismo tiempo que mejora su bienestar y productividad.

 

Referencias:

1 DERBYSHIRE, E. (2016): “Hydration in the workplace“. Natural Source Waters Association.

2 EFSA PANEL ON DIETETIC PRODUCTS, NUTRITION, AND ALLERGIES (210): “Scientific Opinion on Dietary reference values for water”. EFSA Journal.

3 BENTON, D. & YOUNG, H.A. (2015): “Do small differences in hydration status affect mood and mental performance?”.

4 KENEFICK, R.W. & SAWKA, M.N. (2007): “Hydration at the Work Site“. Journal of the American College of Nutrition.

5 THOMAS, D. et al. (2008): “Understanding Clinical Dehydration and Its Treatment“. Journal of the American Medical Directors Association.

6 JUMAA, P.A. (2004): “Hand hygiene: simple and complex“. International Journal of Infectious Diseases.

7 MUDARRI, D. & FISK, W.J. (2007): “Public Health and Economic Impact of Dampness and Mold“.

8 PEEPLES, L. (2020): “Why Reports of Legionnaires’ Disease are on the Rise in the United States”. Smithsonian Magazine.

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