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Las ventajas de la familiaridad

La novedad y la familiaridad son las dos caras de una misma moneda que influyen en las preferencias de las personas

En el contexto del diseño del espacio de trabajo, la familiaridad se refiere a la sensación de conocimiento, naturalidad y confianza que las personas sienten dentro de ese espacio, basada en experiencias anteriores similares, ya sean autobiográficas o culturales. Cuanto más familiar se sienta el diseño, más probable es que los usuarios lo acepten como propio.

La sensación de familiaridad es afectiva, es decir que está asociada con las vivencias emocionales de cada uno y puede variar en intensidad. Y, aunque también parece implicar una valoración sobre la falta de novedad, generalmente se la define en términos positivos relacionados con la calidez, la confianza  y la intimidad[1].

Al parecer, las personas solemos preferir los estímulos familiares porque implican cierto grado de seguridad. Si no somos capaces de predecir la próxima experiencia sensorial debido a la falta de conocimiento o familiaridad con el contexto, nos enfrentamos a un incómodo estado de incertidumbre. Numerosos estudios han demostrado que los estímulos familiares dentro del espacio construido no solo brindan seguridad sino que también se procesan más rápido y se prefieren frente a la novedad. ¿Por qué ocurre esto?

Explorando la investigación

Intuitivamente, se puede decir que la familiaridad es el resultado de la exposición repetida a un determinado estímulo o ambiente. Algunas de las primeras investigaciones sobre este tema comenzaron en la década de 1960, cuando el psicólogo social Robert Zajonc realizó una serie de experimentos en los que descubrió que la exposición repetida de una persona a un estímulo era una condición suficiente para aumentar su gusto por ese estímulo. A este descubrimiento se lo conoce como efecto de la mera exposición[2].

Esta investigación reveló la gran influencia que tiene la sensación de familiaridad sobre nuestro comportamiento y preferencias. Nos gustan las experiencias familiares porque no demandan tanto procesamiento mental como lo nuevo y diferente, requieren pocos recursos cognitivos y se sienten fáciles.

Sin embargo, estudios posteriores mostraron que, a medida que surgía una mayor familiaridad y habituación con el estímulo comenzaba a instalarse el tedio y la preferencia por los estímulos complejos tendía a aumentar. El motivo es el comportamiento exploratorio, el cual nos permite  descubrir si un nuevo estímulo es una fuente de peligro para luego incorporarlo como una experiencia familiar.

Lo cierto es que la tensión que se genera en la frontera entre lo familiar y lo novedoso, entre lo seguro y lo desafiante es la fuerza impulsora que nos permite avanzar, crear y descubrir nuevas posibilidades. Pero, en una cultura dominada por la constante novedad y la sobreestimulación permanente, la sensación de familiaridad con el entorno en el que trabajamos puede resultar muy reconfortante y productiva.

Cómo diseñar para la familiaridad

La familiaridad está estrechamente ligada a procesos cognitivos tales como la atención, la percepción y la memoria. Esto hace que sea más probable que las personas se identifiquen con espacios de trabajo que les resultan familiares, lo que lleva a un mayor compromiso, satisfacción y lealtad.

La sensación de familiaridad puede verse influenciada por varios aspectos del diseño y la experiencia sensorial capaces de crear una sensación de previsibilidad y comodidad:

→ Simetría. Nuestra percepción es muy sensible a la simetría, una herramienta simple pero poderosa para crear orden visual y equilibrio, lo cual reduce el tiempo necesario para la comprensión de un espacio. Existen investigaciones que han demostrado que los estímulos simétricos se reconocen mejor que los asimétricos debido a un sesgo de familiaridad inducido por la simetría, principio que, junto con la armonía y la proporción, formarían parte de nuestro aparato cognitivo[3].

En los sistemas biológicos, la simetría está relacionada con una mayor legibilidad estructural y esto  también aplica para los artefactos construidos por el hombre, lo cual implica que la simetría es un componente central de la percepción y la comprensión humanas que tiene sus raíces en la necesidad biológica de decodificar la estructura y el significado del mundo.

El matemático y teórico del diseño Nikos Salingaros[4] afirma que la percepción humana se basa en simetrías combinadas para reducir la sobrecarga de información agrupando elementos arquitectónicos en totalidades más grandes. Y concluye que la simetría transmite un significado estructural arraigado en nuestra propia biología y en el mundo natural.

La simetría, entonces, se proyecta como un atributo esencial en el diseño de los espacios de trabajo ya que nos brinda una sensación de familiaridad que nos ayuda a comprenderlos, navegarlos e interactuar con ellos. No obstante, romper intencionalmente un patrón de simetría puede servir como un recurso para llamar la atención sobre un elemento de diseño en particular.

→ Proporción. Los seres humanos percibimos intuitivamente proporciones simples en el mundo físico. La mente busca relaciones matemáticas y geométricas, armonías y patrones en el entorno que nos rodea.

La proporción áurea, por ejemplo, es un número conocido desde la Antigüedad que se ha empleado en la geometría, el arte y la arquitectura clásica, y está presente en elementos tan mundanos como el formato de las tarjetas de crédito. Sin embargo, muchos estudios han encontrado esta proporción en un número notable de fenómenos naturales que van desde la escala galáctica hasta la atómica. Existe evidencia observacional de la proporción áurea en las dimensiones del cerebro y el corazón humanos, en el patrón de crecimiento de las hojas y la formación de huracanes, etc[5].

Esto significa que la forma en que utilicemos las proporciones en el diseño del entorno de trabajo puede influir en las emociones y sentimientos de los colaboradores y, por ende, en su desempeño. Cuanto más nos acerquemos a las proporciones presentes en el mundo natural, más familiares encontraremos nuestros espacios.

→ Escala. La escala en arquitectura es una medida o proporción basada en la relación de los elementos arquitectónicos entre sí y con su entorno. En la escala humana, la antropometría tiene un papel fundamental ya que los seres humanos somos el patrón para el diseño de todos los elementos arquitectónicos: el tamaño de las aberturas, la altura de los techos, la proporción de las circulaciones, etc. Esto crea una sensación de orden natural y asegura que el entorno proporcione un tamaño y una forma razonables para su uso de una manera cómoda, familiar y sin sobresaltos.

La escala monumental, por su parte, es mucho mayor que la escala humana y se utiliza principalmente en edificios públicos o religiosos, monumentos, etc. La majestuosidad de su volumen hace que el usuario se sienta pequeño y desprotegido.

→ Estímulos sensoriales. El sentimiento de familiaridad puede desencadenarse por estímulos provenientes de todas las modalidades sensoriales, lo que sugiere una naturaleza multimodal de sus bases neurales[6]. Por ejemplo, los olores familiares tales como el aroma del café y el pan recién horneado o de algunas flores, pueden crear una sensación de comodidad y relajación, mientras que los aromas desconocidos generan incomodidad y distracción.

→ Equipamiento y materiales. A la hora de seleccionar los materiales y el equipamiento del espacio de trabajo para lograr la identificación de la gente con un entorno familiar será preciso elegir aquellos que conectan mejor no solo con las experiencias personales de los colaboradores, sino también con las tradiciones, la cultura, las historias y la producción artística locales.

Un estilo residencial y hogareño puede crear un ambiente confortable, cercano y familiar donde la gente se siente cómoda y relajada gracias a la elección de un equipamiento doméstico e informal, con texturas suaves y colores cálidos, materiales naturales y buena iluminación.

→ Personalización. La personalización del espacio es una importante herramienta para la formación del concepto de lugar gracias a la interacción entre las personas y el entorno. Los seres humanos disfrutamos personalizando el mundo que nos rodea porque nos permite adaptarlo a nuestros hábitos y preferencias. Esto mejora nuestro sentido de pertenencia y aumenta la sensación de comodidad y familiaridad.

El impacto de cada uno de estos elementos puede variar según las preferencias individuales, el contexto cultural y el propósito del espacio, y es importante que, a la hora de diseñar el espacio de trabajo, se consideren las necesidades y expectativas de los ocupantes a fin de conseguir los mejores resultados.

[1]       KIND, A. (2021): “The feeling of familiarity”.

[2]       ZAJONC, R. (1968): “Attitudinal effects of mere exposure”. Journal of Personality and Social Psychology.

[3]       ZEKI, S. (2019): “Beauty in Architecture: Not a Luxury, Only a Necessity”.

[4]       SALINGAROS, N.A. (2020): “Symmetry gives meaning to architecture”.

[5]       CHING, F.  et al. (2012): “Introduction to Architecture – Proportion and Scale”.

[6]       PLAILLY, J. et al. (2007): “The feeling of familiarity of music and odors: the same neural signature?”.

 

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