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Sustentabilidad: Oportunidades y desafíos después del COVID-19

Desde hace tiempo, todos somos conscientes de que las actividades del hombre  –incluida la forma en la que trabajamos– tienen un alto impacto sobre nuestro hábitat natural: la Tierra.

Hoy, la construcción y operación de edificios representa más de un tercio del uso global de la energía[1] además del consumo de otros recursos no renovables del planeta. La buena noticia es que cada vez son más las empresas que han comenzado a preocuparse por optimizar su operación. Se han dado cuenta de que el gasto energético, la superficie de ocupación, el uso de los recursos naturales, la contaminación ambiental y el aumento de los residuos pueden tener un impacto negativo sobre el funcionamiento de las organizaciones.

En línea con esta preocupación, desde los años 90 comenzaron a proliferar los certificados “verdes”. Sin embargo, el que obtuvo mayor aceptación, tanto a nivel local como global, fue el sistema LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) desarrollado por el USGBC (U.S. Green Building Council) y orientado a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para mitigar el impacto de la edificación sobre el medio ambiente.

La mala noticia es que los consensos que se habían creado entre las empresas sobre la necesidad de  encarar políticas efectivas de sustentabilidad pueden verse comprometidos por la llegada al escenario global del COVID-19. ¿Cómo mantener las iniciativas a favor del medio ambiente mientras nos enfrentamos a los desafíos que representa una pandemia sin precedentes en la era moderna?

Lo que nos deparó la pandemia

Desde los primeros días de la respuesta mundial al COVID-19 que paralizó gran parte de la actividad económica del planeta, las emisiones de carbono se redujeron drásticamente. Algunos informes muestran que los niveles de CO2 disminuyeron hasta un 26%[2]; también hemos visto cielos más claros y vida silvestre resurgiendo en lugares donde pensamos que se había perdido o irrumpiendo en las ciudades vacías. Pero, cuando las restricciones comiencen a desaparecer, corremos el riesgo de perder lo ganado a menos que las empresas vuelvan a invertir en estrategias sustentables.

Antes de la llegada del COVID-19, la principal fuerza impulsora de la sustentabilidad fue la generación Millennial, activamente comprometida con la conservación del medio ambiente, razón por la cual la economía circular y otras iniciativas verdes cobraron importancia en la agenda de las organizaciones. Cada vez más jóvenes talentos comenzaron a elegir su lugar de trabajo a partir del compromiso corporativo sobre el cambio climático. Modelos como el de la joven activista sueca Greta Thumberg son el ejemplo a seguir.

Hoy, a ese impulso habrá que sumarle las consecuencias derivadas de la pandemia. La emergencia sanitaria ha puesto en evidencia que la salud y el bienestar comienzan en los lugares donde vivimos y trabajamos y en las ciudades que los sostienen. La forma en la que organizaremos nuestro trabajo de acá en más será una oportunidad crucial para cuidar nuestro propio bienestar, pero también tendrá repercusiones más amplias en el medio ambiente.

A medida que se vaya retomando la actividad económica a lo largo del planeta, tendremos una fuerza laboral más distribuida. Habrá personas que trabajarán desde su casa, desde la oficina y desde distintas locaciones de la compañía; otras lo harán en espacios de Coworking o en diferentes horarios para adaptarse a sus compromisos familiares o estilo de vida. En otras palabras, el futuro del trabajo será flexible.

Esto tendrá consecuencias importantes en las necesidades de infraestructura física de las empresas, en la demanda energética y en el transporte en las ciudades, lo que representa una oportunidad sin precedentes para abordar los riesgos ambientales provocados por la actividad humana. Revisar todos los aspectos de la operación de las organizaciones permitirá hacer una transformación hacia modelos más sustentables. Pero esto significa no solo considerar las soluciones técnicas sino también la participación activa de los colaboradores para apoyar diferentes estilos de trabajo.

Salud, entorno construido y sustentabilidad

La pandemia de COVID-19 nos ha enseñado que la vida urbana, con su altísima concentración de personas y gran movilidad, puede crear las condiciones propicias para la propagación de microorganismos patógenos. En el pasado, enfermedades tales como el cólera o la tuberculosis impulsaron modificaciones en el entorno construido, ya sea con el desarrollo de mejor infraestructura urbana o con la creación de nuevas tipologías edilicias. La tuberculosis, por ejemplo, influyó en la importancia que el Movimiento Moderno otorgó a azoteas, terrazas y balcones en base a la importancia que se le atribuía al asoleamiento y el aire libre en la cura de la enfermedad[3].

Algunas investigaciones sugieren que tanto la aparición de enfermedades transmisibles como los eventos climáticos extremos serán cada vez más frecuentes y que, en consecuencia, se deberá adoptar un enfoque más amplio de la sustentabilidad[4]. Estos son algunos factores a tener en cuenta:

→ Urbanización: las ciudades son lugares con alta densidad de población, lo que las convierte en focos de propagación para las enfermedades infecciosas. La concentración de la actividad económica en áreas específicas hace que mucha gente se aglomere en espacios reducidos. Sería deseable que en el futuro haya más oficinas satélite y espacios de Coworking para dar soporte a una fuerza laboral cada vez más dispersa, lo cual favorecerá la descentralización de las actividades económicas aliviando la presión sobre las grandes ciudades.

→ Movilidad: uno de los factores que más interesan a la pandemia de COVID-19 y al desarrollo sostenible es la movilidad. En este momento de alta transmisibilidad del virus, el transporte público no se presenta como una buena alternativa. Sin embargo, opciones tales como ir al trabajo en bicicleta o caminando pueden funcionar para los empleados que tienen un viaje más corto; son prácticas saludables y no producen emisiones. Aquellos que viven más lejos podrían adoptar soluciones flexibles –que son mucho más sustentables– trabajando en locaciones cercanas a su lugar de residencia.

→ Calidad del aire interior: parece existir cierto consenso entre los especialistas sobre la relación entre la calidad del aire interior –especialmente las características del sistema HVAC y la humedad relativa– y la actividad del nuevo coronavirus. Las ventanas practicables representan un elemento pasivo infravalorado que puede ayudar a mejorar las condiciones interiores mejorando la ventilación natural.

→ Iluminación natural: el acceso a la luz natural es una estrategia que aporta grandes beneficios en términos de sustentabilidad al mismo tiempo que contribuye indirectamente a la lucha contra el COVID-19 ya que mejora las condiciones de salud y el bienestar de las personas.

→ Espacios exteriores: los espacios exteriores accesibles (expansiones, terrazas, techos verdes, etc.) se pueden utilizar como áreas de esparcimiento e, incluso, como huerta. Además de ser estrategias amigables con el medio ambiente (reducen la contaminación atmosférica y los niveles de ruido), también contribuyen al bienestar de las personas disminuyendo el estrés y promoviendo la actividad física.

→ Espacio de oficina: gracias al gran desarrollo de las tecnologías de la comunicación, la creación de entornos de trabajo flexibles se perfila como la solución más sensata para que las organizaciones puedan seguir operando en escenarios adversos tales como la actual pandemia. Las empresas podrían reducir drásticamente su espacio de oficina aumentando la cantidad de personal que trabaja desde casa o desde terceros lugares. Esto disminuiría sensiblemente la huella de carbono.

Cómo construir el futuro

La pandemia de COVID-19 no tiene precedentes en cuanto a su alcance e intensidad. Sin embargo, podría ser solo un emergente de una serie de eventos adversos que experimentaremos cada vez con mayor frecuencia. Varios científicos afirman que el cambio climático está provocando un peligroso aumento de las interacciones entre humanos y fauna silvestre, amenazando su hábitat y exponiéndonos a la transmisión cruzada de enfermedades[5]. Una visión sustentable del futuro debe construirse sobre la base de una comprensión del mundo como un sistema complejo e interdependiente.

Para construir ese futuro, cada uno de nosotros debe comprometerse con objetivos de sustentabilidad concretos desde el lugar que ocupe en la comunidad. Y, si bien es de suma importancia el papel que juegan la sociedad y la cultura organizacional para construir un mundo sustentable, la responsabilidad del cambio hacia una mayor conciencia ambiental recae, principalmente, en el propio individuo. Esto significa que habrá que considerar tanto las soluciones técnicas como el cambio de comportamiento.

En definitiva, será necesario hacer de la sustentabilidad un trabajo de todos.

[1]       LI, X. et al. (2019): “Urban heat island impacts on building energy consumption: A review of approaches and findings”.

[2]       LE QUÉRÉ, C. et al. (2020): “Temporary reduction in daily global CO2 emissions during the COVID-19 forced confinement”. Nature Climate Change 10.

[3]       DUARTE PINHEIRO, M. & NUNO CARDOSO, L. (2020): “COVID-19 Could Leverage a Sustainable Built Environment“.

[4]       CAZZOLLA GATTI, R. (2020): “Coronavirus outbreak is a symptom of Gaia’s sickness”.

[5]       AMEKUDZI-KENNEDY, A. et al. (2020): “Reflections on Pandemics, Civil Infrastructure and Sustainable Development: Five Lessons from COVID-19 through the Lens of Transportation“.

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